Los discursos en la cura – teoría lacaniana

Los discursos en la cura.

Lo primero es entender a qué nos referimos con la palabra discurso. Por un lado al hablar del discurso psicoanalítico estamos refiriéndonos al mundo de conceptos que le es propio, y por otro lado hablamos del discurso como concepto. A partir del seminario  17 El reverso del psicoanálisis de Jacques Lacan[1]. En él, se refiere Lacan a una estructura lógica particular que  se entrama entre el sujeto y el otro como lazo social, resultando más que la suma de sus palabras.  De este modo suceden los distintos aconteceres del deseo, el goce y el amor.

El sujeto aparece como efecto a partir de la relación entre un significante y otro significante, y en esta relación hay una pérdida que Lacan denomina “objeto a”.  Para Lacan, la estructura del discurso está constituida por cuatro lugares:

  • el agente: Sujeto
  • el otro : S1 significante unario
  • la producción: S2 saber
  • la verdad: “a” como causa o como plus de goce

que dan como resultado cuatro discursos diferentes:

  • discurso histérico
  • discurso del amo ( o del inconsciente)
  • discurso universitario (o del saber)
  • discurso del analista

todos ellos tienen cabida en la dirección de la cura y pertenecen a diversos momentos de un análisis.

Un psicoanálisis da como resultado, entre otras cosas, la producción de un analista. En palabras de Lacan, “La terminación del psicoanálisis… es el pasaje… del psicoanalizando a psicoanalista”. De este modo mientras exista un analista, funcionando en dicha posición, basando su práctica en la existencia del inconsciente[2], y con sujetos que le demanden, será posible que haya un psicoanálisis.   La transferencia se asentará basada en la instauración del Sujeto Supuesto Saber. Esto permite a un sujeto dividido por su falta constitutiva, que el psicoanalista tome la posición de S1 como primer significante de la cadena metonímica que lo constituye. En este primer tiempo lógico, en que se desarrolla el discurso histérico se da la producción de un saber S2 a través de las formaciones del inconsciente.

La demanda del paciente cuando consulta es una demanda de saber[3]. De que el Otro sepa. Coloca en el psicoanalista el significante S1 como significante amo. Este amo fabricado para dar garantía de saber. De este modo, el discurso del psicoanálisis se posiciona como el inverso del discurso médico que se pone del lado del amo.

Ante la demanda de saber, el analista, a decir de Lacan en La dirección de la cura, debe posicionarse por su carencia en lugar de por su ser[4] lo que permitirá aflorar el saber inconsciente que hay tras el síntoma.

El Psicoanálisis tiene algo que decir porque tras la demanda del paciente algo del deseo está en juego. Frente al discurso del amo, imperante en tantas práxis, permitir el despliegue del discurso con sus giros característicos, interrogando al saber, permitiendo que la falta se convierta en pregunta en lugar de taparla.

[1]  J. Lacan. El reverso del psicoanálisis seminario 17 Siglo XXI editores. Pag. 234.

[2]  (9) S Freud. Introducción del narcisismo. Obras Completas Tomo 2 pag. 2023 Biblioteca Nueva. Trad. López Ballesteros.

[3]  J Lacan. Psicoanálisis y Medicina. En Intervenciones y textos 1. Ed. Manantial. Pag 95

[4]  J. Lacan. La dirección de la cura. Escritos 2. Siglo XXI editores. Pag. 569.

¿Las personas pueden cambiar su esencia? – Cambio Profundo

Las personas pueden cambiar. Incluso en cambio profundo. Es lo que pensamos desde el psicoanálisis. Sin embargo hay cosas que no pueden cambiar nunca. Por eso decimos que la libertad es limitada. Uno no puede cambiar cosas como por ejemplo la orientación sexual, pero se puede trabajar para aceptarla, para ser feliz con la orientación que tienes. Hay cosas que no tienen que ver con elecciones.  Aunque alguien quiera cambiar su elección sexual porque le parezca lo más conveniente, eso no se puede modificar.

Sin embargo, una persona que reconoce que sus actitudes no han estado bien, que ha hecho daño a personas que quería y que han tenido un coste muy grande tanto para las personas que lo rodeaban como a él, porque también esa persona que tiene actitudes enfermas termina perdiendo lo que quiere, por su propia responsabilidad. Pero alguien que termina entendiendo esto, se abre una puerta por la que algunas cosas se pueden modificar.

¿Por qué una persona que está siendo infiel aunque se enamore de su amante siempre sigue con su pareja oficial?

Estas personas están sosteniendo un amor patológico. Es un error creer que el amor es siempre  maravilloso. El amor puede ser una porquería. Si te enamoras de una persona enferma, que te mal trata, te pega, te traiciona, pero tú dices “yo estoy enamorada y lo acepto” estamos hablando de amor, pero enfermo. Los amores no son en sí mismos buenos o malos. Las personas están sanas o enfermas. Una persona enferma va a vivir siempre un amor enfermo, por mucho que ame.  La experiencia nos dice que cuando se empieza una relación paralela con una pareja actual, si a pareja no se rompe en los primeros tiempos (6 meses, un año…), ya no se va a romper. Cuando se suceden las excusas: “dame tiempo para que yo se lo explique…, en este momento no…, cuando los niños sean grandes…” probablemente estamos asistiendo a una gran mentira.
Es muy legítimo que alguien conozca a otra persona y se enamore, creando un vínculo con otra persona pero si se está dando algo que va a durar como relación de pareja, quien tenga que dar el paso lo va a dar a tiempo, porque si no, se va a perder.  Si no es así, se va a establecer una relación de amantazgo, que es otra cosa, otro tipo de relación. Algunas personas lo pueden transitar sin dolor, y otras personas sufren mucho. Sufren mucho porque disfrutan de una persona en algunas ocasiones pero hay días que saben que necesariamente están con la otra persona.  Hay personas que lo aceptan y pueden vivir con ello y otras no. Es una cuestión entre adultos. Cada cual acepta lo que quiere para su vida. Esto supone a veces un cambio profundo.

¿Por qué la ruptura cuesta tanto? ¿Se puede terminar un psicoanálisis o crea dependencia?

Porque la ruptura implica la puesta en juego de un deseo que va contrariar los deseos del otro. Y frustrar al otro siempre hace que nos pongamos en un lugar donde no nos vamos a sentir tan queridos,  ni reconocidos. Porque estoy haciendo algo que a ti te hace daño,  entonces no es fácil asumir la responsabilidad y hacerse cargo, aunque sea de un modo respetuoso, de decirle al otro que no. Hay personas que tiene que trabajar mucho en análisis para poder decirle a alguien que no. Irse de un trabajo, por ejemplo, hay quien no está a gusto,

“no le gusta cómo me tratan, no me gusta esto, no me gusta aquello…, y sin embargo me da no sé qué, me da miedo…”

Y es que los cortes siempre cuestan, y en análisis se refleja lo que a una persona le pasa en la vida. Es decir: aquella persona que tiene problemas para cortar con una  amistad, con un trabajo que no quiere, con un amor que ya no quiere, va a tener problemas también para cortar un análisis.  Quien tiene la libertad de decirle a alguien:

“mira, eres divina, pero yo ya no quiero estar más contigo como pareja, te sigo queriendo mucho como persona pero ya no como pareja…”

Va a poder decirle a su analista:

“mire usted es una buena persona, me ayudó mucho pero ya no quiero venir más”

entonces estas cosas que pasan en la vida, se transfieren al análisis (de ahí el nombre de transferencia) y nos permite a los analistas saber cómo funciona fuera, porque repite con nosotros sus formas de comportarse.

¿Por qué es más fácil desaparecer que la ruptura cara a cara?

Es más fácil pero mucho más costoso y más perjudicial. En primer lugar, porque como decíamos, hacerse responsable de algo es más difícil que no hacerlo. Hay que tener una cierta valentía para hacerse cargo de los hechos, de las decisiones propias. Por eso algunos prefieren huir, que encarar la ruptura.  Lo que lo hace más fácil es evitar afrontar un mal momento.  El mal momento de decirle a  alguien algo que no quiere escuchar…, que te digan algo a ti a cambio…, tener que hablar de ello…

A veces hay personas que lo hacen del siguiente modo. Le ocurre más en general a los hombres que a las mujeres, porque le ocurre más a la neurosis obsesiva que a la histeria, no es una cuestión de sexo sino de estructura psíquica. Es el hecho de hacerse pedir lo que alguien desea. Es decir: “yo no quiero seguir contigo y voy a buscar la manera de que te enfades conmigo y me digas que se acabó”.  Eso también es un gesto de cobardía, por eso es importante estar agradecido a  aquella persona que se atreve a decirnos con honestidad: “yo ya no quiero seguir contigo”. Es más frecuente en la estructura histérica que una mujer lo diga porque su deseo se manifiesta más rápido:, por eso es más probable  que te diga: “Mira ya no te aguanto más.  Márchate” mientras que el hombre si quiere decir lo mismo tarda seis años hasta que se hace echar. Es su peculiar modo para la ruptura.

¿Cómo han cambiado las cosas con las nuevas tecnologías?

Han cambiado las formas. Ahora es horrible si te borran del Facebook, antes esto era irrelevante, pero son señales que nos lanzamos, nuevas señales similares a cuando antes no te cogían el teléfono, o no te contestaban una carta. Las relaciones humanas que son tan complejas y tan sensibles, toman de estas tecnologías señales que trasmiten emociones, sensaciones, ambigüedad…  Estas cuestiones hay que tomarlas como cosas que le pasan a los pacientes de hoy en día y no le pasaban a los de hace unos años.